miércoles, 15 de marzo de 2017

EN ESPAÑA BEBEMOS AGUA DE 40000 KMS DE TUBERIAS CON AMIANTO CANCERIGENO



En España bebemos agua de 40.000 kilómetros de tuberías con amianto cancerígeno

Un 20% de las canalizaciones de agua potable contienen esta sustancia. Expertos piden su retirada aunque no hay pruebas sólidas sobre su peligrosidad.

El amianto o asbesto fue uno de los materiales de construcción estrella en el siglo XX, pero encerraba un peligro mortal para los trabajadores que lo manipulaban. Las fibras microscópicas que lo componen pueden quedar suspendidas en el aire y ser respiradas. Si la exposición es prolongada, puede originar cáncer de pulmón y otras enfermedades.

La mayor parte de este mineral se destinó a la industria del fibrocemento, una mezcla de cemento y fibras de amianto que además de ser barata tenía unas excelentes propiedades. En España se conoce más por el nombre de la empresa que lo comercializaba, Uralita, y al igual que en otros países, fue ampliamente utilizado, sobre todo en placas onduladas de cubierta y tuberías, hasta su prohibición en 2001. Sin embargo, hoy en día buena parte del agua de riego y del agua potable siguen pasando por redes de abastecimiento realizadas con este material. ¿Existe algún riesgo para la salud?

En los últimos tiempos, el debate se ha avivado en el ámbito local, con numerosos ayuntamientos que aprueban planes de sustitución de las canalizaciones y autoridades que se mojan a favor de estas acciones. Hace pocos días la Comisión de Medio Ambiente del Congreso aprobó solicitar al Gobierno que realice una auditoría de las tuberías que quedan y elabore un plan para su renovación. La propuesta contó con el apoyo de todos los grupos, excepto del PP, que alegó el alto coste que supondría.

Los datos de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), actualizados en 2016, indican que las redes de agua potable en España –sin contar las destinadas al riego- superan los 200.000 kilómetros y que de ellas alrededor de un 20% aún están fabricadas con fibrocemento, unos 40.000 kilómetros. Estas cifras proceden de una encuesta que se realiza cada dos años a entidades locales, pero no existe un inventario exhaustivo.

Al margen de su localización, hay dos preguntas clave: si las fibras de amianto pasan al agua potable y si pueden suponer algún riesgo para salud en el caso de que lleguen a nuestros grifos. La OMS abordó la cuestión en su informe Asbestos in Drinking-water tras recopilar estudios realizados en varios países. La cifra más repetida en Estados Unidos, Canadá, Países Bajos y Reino Unido estaba en torno a un millón de fibras por litro.

Aunque pueda parecer mucho, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) considera un nivel seguro hasta 7 millones de fibras por litro. A partir de esa cantidad, no descarta que exista riesgo de desarrollar pólipos intestinales benignos, pero tampoco hay suficientes investigaciones que lo demuestren.

Tanto la degradación de las cañerías artificiales como la erosión de los depósitos naturales de las rocas que contienen asbesto podrían ser responsables de esa presencia de las fibras, así que, efectivamente, el agua que consumimos puede contener amianto, pero no existen datos concluyentes de que una vez ingerido sea cancerígeno.

"La inhalación de fibras de amianto a través de la vía respiratoria es la principal responsable de las patologías causadas por este material y la vía digestiva tiene un peso secundario", afirma en declaraciones a EL ESPAÑOL Alfredo Menéndez, catedrático de la Universidad de Granada y responsable del proyecto de investigación Los riesgos del amianto en España (1960-2002). En su opinión, "hay menor evidencia científica sobre los efectos de deglutir fibras de amianto", pero aún así "eliminar las tuberías de fibrocemento es una medida de salud pública recomendable".

Fernando Morcillo, presidente de AEAS, destaca que mientras que la red de tuberías de fibrocemento está uso "no genera ningún problema para la salud". Sin embargo, "se considera que la vida útil de las tuberías está en torno a 50 años y gran parte de nuestra red de fibrocemento se construyó en los años 60 y 70, fruto del desarrollismo urbano". Por lo tanto, las canalizaciones están envejecidas, son menos seguras, sufren más roturas y pérdidas de agua y es necesario acometer un esfuerzo de renovación.

Operarios y residuos                                                                                                                                                                                              

En este punto entran en escena dos posibles problemas: la inhalación de amianto por parte de los operarios y la contaminación ambiental que podrían generar las viejas tuberías. Según Morcillo, ambas cuestiones están perfectamente solventadas. Por una parte, existe un estricto protocolo de salud laboral que siguen todos los trabajadores y, por otra, los residuos se convierten en inertes al ser confinados en depósitos específicos o mezclados con hormigón.

No opina lo mismo Francisco Báez Baquet, exempleado de Uralita en Sevilla que desde los años 70 ha investigado al detalle los problemas derivados del amianto, convirtiéndose en una de las voces más reivindicativas. Según explica, las empresas que manipulan el fibrocemento "no precisan de ninguna suerte de acreditación previa de capacitación". Aunque cada comunidad autónoma cuenta con un Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA) y solo las que están inscritas en él pueden realizar estas tareas, se trata de "un mero trámite administrativo" que no requiere demostrar competencia alguna.

La mejor prueba es que existen "sentencias judiciales en las que se condena a servicios municipales de abastecimiento de agua, comunidades de regantes y ayuntamientos por daños causados por el amianto liberado en la reparación de tuberías de fibrocemento debido a que no han respetado la legislación vigente". El riesgo no sería solo para quienes cambian una tubería, sino también "para vecinos, viandantes y espectadores", comenta.

Obsolescencia

"La degradación del cemento por simple obsolescencia es un proceso progresivo, a ritmo más acelerado cuanto mayor sea su antigüedad", asegura. La normativa española contempla la eliminación y retirada en condiciones controladas "al final de su vida útil", pero en la práctica esta expresión es tan "difusa", afirma, que solo se lleva a cabo "cuando hay averías, cada vez más frecuentes".

Ante los posibles riesgos y las dudas, Báez apuesta por el "principio de precaución", que consiste en tomar medidas ante todo producto o tecnología sospechoso de conllevar riesgos para la salud o el medio ambiente aunque no haya pruebas científicas concluyentes. "Todo producto que contenga amianto es una bomba de relojería mientras no permanezca soterrado en condiciones controladas y, aunque sea más cara, la solución definitiva, y garantista al máximo, sería la inertización del amianto, sometiéndolo a muy altas temperaturas, con o sin ayuda química", agrega.

Incluso duda de que los intereses económicos no hayan corrompido los estudios "pretendidamente científicos" que no encuentran una conexión directa entre problemas de salud y la presencia de fibras de amianto en el agua potable: "Ya ocurrió en el sector automovilístico, porque el amianto se usaba en piezas como embragues y zapatas de freno".

Las secuelas del amianto

El cáncer de pulmón, el mesotelioma (tumor que también afecta a los pulmones y está causado específicamente por la inhalación del polvo de amianto) y la asbestosis (enfermedad que causa fibrosis pulmonar y también es consecuencia directa del contacto con este material) son los problemas más característicos, reconocidos en España como enfermedades profesionales mucho más tarde que en otros países europeos.

A pesar de que ya no se utiliza como material de construcción, el amianto seguirá causando muertes en España hasta la década de 2040, según un estudio de Alfredo Menéndez, ya que "el periodo que transcurre desde la exposición al desarrollo de la enfermedad puede alcanzar los 30, 40 y hasta 50 años".

Los cálculos se centran en los trabajadores que manipularon el material, pero "las exposiciones ambientales también tienen su importancia", asegura el experto, que destaca que España registró "un mayor consumo de productos de fibrocemento" y que se queja de la "invisibilidad social del problema y la falta de reconocimiento de las víctimas".

lunes, 13 de marzo de 2017

ME QUEDAN UNO O DOS AÑOS DE VIDA - TENGO UN CANCER POR EL AMIANTO



ME QUEDAN UNO O DOS AÑOS DE VIDA – TENGO UN CANCER POR AMIANTO

Pedro Murillo: “Me quedan uno o dos años de vida, tengo un cáncer por amianto”

“Con una colada ganaban dinero, pero no les importaba la vida de los trabajadores, no nos protegieron frente mineral cancerígeno

Trabajó en Azkoitia en Acería y Forjas de Azkoitia, o Cie Automotive, o Grupo Siderúrgico (GSB) y hasta hace poco Gerdau, aunque ahora es Sidenor, “cambian cada dos por tres el nombre”, dice cuando recuerda su paso por la siderúrgica. Le ha marcado su vida y, lo que es peor, le ha metido en el bombo de la mala suerte, porque trabajó con amianto y tiene los dias contados, “uno o dos años”, reconoce resignado.

“Empecé en la fundición en junio de 1982 y estuve allī en hasta 1998. En ese año logré una incapacidad, no por el amianto y estuve cinco años en el acabado, fuera de la fundición”, expresa. Ahora mismo Pedro Murillo sufre “un adenocarcinoma, un cáncer de pulmón y me han reconocido la enfermedad profesional. Ha sido la Seguridad Social. Tenía la incapacidad total. Cuando me detectaron lo que tenía, porque me hicieron una biopsia en enero de 2016 con 62 años, dejé de trabajar allí, y eché los papeles para conseguir la incapacidad absoluta”, según señala a EL PERIODISTA CANALLA.

 

“Del centro de salud de Riberas de Loiola me llamó un médico y me dijo todo lo que tengo. Le dije que he fumado durante 45 años, pero él me dijo que me aseguraba al 98% que lo que tenía no era derivado del tabaco y añadió que era derivado del amianto al 98%. Me puso en contacto con los de Osalan y se me reconoció como enfermedad profesional”.

Pedro Murillo empezó a trabajar en el horno de fundición. “Estuve  de albañil, hacíamos el revestimiento del horno, las cucharas de la fundición, todo esto que se hacia en las fundiciones. En el horno las tuberías de los paneles de refrigeración de agua van forradas con cintas de amianto. Las ponían los mecánicos. Nosotros hacíamos las artesas que eran para la colada continua, y eso llevaba mantas de amianto y sí las poníamos nosotros. Y para calentar las cucharas donde iba la colada, llevaban unos bloques de amianto y teníamos que ir a reparar nosotros, y según estabas quitando te caía encima toda esa mierda del amianto”.

Como a miles de trabajadores se les ocultó el daño que el amianto causa en la salud de los trabajadores,a pesa de que ya en 1906 el Dr. Murray en Gran Bretaña documentó el primer caso de asbestosis. Murillo señala con rotundidad que “no te daban protección alguna frente al mineral cancerígeno, ni te avisaban de los peligros, ni nada de nada”. Hay que tener en cuenta en Hego Euskal Herria 40.000 trabajadores estuvieron en contacto directo con el amianto, pero a ninguno se les ofreció una protección adecuada, lo que ha provocado muchas víctimas, la gran mayoría ocultas. Desde 1993 a febrero 2017 han fallecido, sobretodo por mesoteliomas, 1.472 personas que estuvieron en contacto con el amianto. Es la punta-punta del iceberg, porque las administraciones sanitarias ocultan su incidencia. Esa realidad ha llevado a que el catedrático de la Universidad de Granada, experto en estos temas, Alfredo Menéndez-Navarro haya señalado que solo ven la luz solo un 5% de las muertes que tienen que ver con la inhalación de las fibras asesinas del amianto.

Pedro  Murillo admite que “me he enterado de este tema ahora cuando me ha tocado, y he empezado a investigar, a leer un poco, y he visto la gravedad de la situación. Deberíamos de haber llevado trajes especiales, etc y no nos tendrían que haber dejado fumar en el puestos de trabajo. La realidad es que no nos han protegido de nada”.

En este sentido, el doctor Carlos Pineiro, colaborador con la Asociación Galega de Víctimas del Amianto (Agavida) explica esta situación de una forma clara y contundente: “el uso masivo del amianto llegó por la avaricia empresarial”.

Cuando interpelamos a Pedro Murillo precisamente sobre lo que piensa de los directivos de esa empresa donde trabajó en Azkoitia, que ha cambiado de nombre en numerosas ocasiones, nos dice que “los directivos, nuestros jefes, nos han tratado como a borregos, como a corderos. Les ha importado más sacar una colada, porque sacaban unos cuantos millones por la misma, que la vida de las personas, de los trabajadores que estábamos allí. Las personas les salen gratis a esta gente”.

Recuerda que “han muerto compañeros míos, hace tres años uno igual que yo, cáncer de pulmón y hasta que no te toca no les damos importancia. Es así. Empecé a mirar en Internet y en todo esto aparece como una señora murió contagiada por lavar ropa de su marido. Me quedo pasado, pero es la realidad. Se sabe como el Tribunal Supremo confirma la maldad del amianto desde 1940, que se obligaba a poner los medios de protección y prevención frente al cancerígeno, pero la gentuza esta de la fábrica se niega a dar el lista de los trabajadores que estuvimos en contacto con el amianto, y se lo están negando a Osalan, que lleva ya registrados en torno a 7.500 trabajadores afectados”.

Una de las cosas que más le duelen a Pedro Murillo es que en la empresa donde trabajó muchos años de su vida “siguen diciendo que no se trabajó con amianto desde 1991 y resulta que he estado en la fundición hasta 1993 y seguía igual, luego estuve varios años en el acabado y han seguido con amianto. Han funcionado como siempre, y que lo nieguen es terrible”.

La explicación es simple para Murillo: “Con una colada ganaban unos millones de pesetas, y la vida de una persona les sale gratis. Esa es la diferencia. Cuando uno está bien no le damos la importancia que tiene. Pero es más serio de que creemos. Es lo que todos nos tendríamos que dar cuenta. El que me llamó de la Seguridad Social dejó claro que lo ‘gordo’ todavía esta por salir. Te contagias y desarrollas enfermedad 35 o 40 años después. Pierdes la pista, claro”. Tiene razón porque se calcula que todavía en esta década se van a producir un repunte de los fallecidos por el amianto. Un hecho significativo es que las consultas que la Asociación de Víctimas del Amianto de Euskadi (ASVIAMIE) está recibiendo durante los últimos meses muestra un incremento significativo de afectados por mesoteliomas, un cáncer tipo de cáncer muy letal, como reconocen dos de sus miembros Patxi Kortazar y Begoña Vila.

 

90 TRABAJADORES EN CONTACTO DIRECTO

Pedro Murillo indica que en “la fundición trabajábamos así en esas condiciones de contacto con el amianto unos 90 en los tres relevos, además a parte aunque no estés en mantenimiento y no trabajes de forma directa, puedes haber inhalado fibras de amianto. Casi éramos 500 trabajadores en toda la fábrica. Un ejemplo de la falta de sensibilidad de los empresarios está con las coladas de plomo en los años 90. La legislación impedía sacar  mas de una o dos coladas ala semana, pero allí sacaban tres y cuatro al dia. UN compañero que murió, Benito Murillo, trabaja en la grúa. NO de forma directa con el plomo. Nos hicieron una analítica para ver el plomo en sangre y éste lo tenia por las nubes, pero no se preocuparon de mandarle a revisiones. Es lo que tenía esa situación, no se preocuparon de nada, búscate la vida. Hace tres años murió, con 62 años”, se lamenta.

Pedro Murillo reconoce que a sus 63 años le queda poco de vida. “Calculo que uno o dos años, como ocurrió con otros compañeros. Tengo bastante desarrollado el adenocarcinoma. Osalan me dijo que si te cogen a tiempo se puede contener la enfermedad, por eso es importante estar en la vigilancia específica y puedes aumentar la calidad de vida”.

Juanjo Basterra

sábado, 21 de enero de 2017

ASBESTOSIS LA ENFERMEDAD SILENCIOSA



Asbestosis: La enfermedad silenciosa

"Sólo queda demandar. Demandar al INSS. Demandar a las mutuas. Demandar a las empresas. Demandarlos a todos. Y quedarse sólo. Delante de un juez. Y convencerlo de que lo que te está matando no es una gripe mal curada".

Ferrol es la ciudad de España -e incluso de toda Europa- con una mayor incidencia de la asbestosis, una enfermedad pulmonar causada por la inhalación de fibras de amianto, un elemento aislante empleado durante décadas en la industria y en la construcción, incluso muchos años después de que sus efectos negativo estuvieran más que probados. Se calcula que sólo en la comarca de Ferrolterra el número de afectados supera los 3.500, con un goteo de una o dos docenas de muertes al año. No es un tema del pasado, aunque desde los años noventa este material dejara de emplearse; la enfermedad tiene un período de latencia de 30 o 40 años, por lo que aún se manifestarán nuevos casos hasta el año 2030. Y más y más muertes.

La asbestosis no sólo afecta a Ferrol. La situación se reproduce en ciudades industriales de todo el Estado, de Avilés a Cartagena, de Cádiz a Getafe o Cerdanyola de el Vallès, sumando más de 80 mil afectados en España, de los que alrededor de 50 mil han muerto o morirán en esta década o en la siguiente. Vigo registra igualmente muchos damnificados, a los que hay que añadir casos más aislados relacionados también con la construcción.

A pesar de la fuerte incidencia de la enfermedad en algunas zonas, el asunto no ocupa un lugar preferente en las agendas de los medios. Tampoco hay demasiados libros ni documentales publicados. El fotoperiodista y sociólogo ferrolano Roberto Amado acaba de publicar   Peregrinos del amianto (Libros.com), un texto producto de dos años de trabajo y entrevistas con afectados y expertos. “Hay poco publicado sobre el tema, y lo que hay trata fundamentalmente el aspecto médico o el aspecto legal. Me di cuenta de que lo personal, que es lo que menos se ha tocado, es el tema fundamental", explica. Amado presentará la obra en septiembre en la ciudad departamental, en un acto que quiere convertir en un debate entre los afectados, las autoridades, las empresas, entre todos los actores implicados, para poner el foco público sobre el tema. También intentará hacer presentaciones en otras ciudades en las que el problema del amianto tiene una incidencia importante.

 Hasta el 2001, silencio

“Un día te cruzas con un colega, un hombre de esos fornidos y grandes. Lo encuentras confuso, con mucho menos peso y con dificultades para respirar. Trabaja en monturas a flote, o es soldador, como tú, como muchos otros. Poco después te enteras de que ha muerto y, como él, van cayendo varios. Te suena eso del cáncer de pulmón. Pero haces caso omiso (...) El tabaco, la bebida. Ya sabes tú como van esas cosas. Hasta que alguien te dice que lo que tienes es un tipo de cáncer raro. Y tú te haces preguntas”.

Hasta el año 2000 apenas se hablaba del tema. En Ferrol había un número inusitadamente alto de muertes por enfermedades del pulmón y por cáncer de pleura, sobre todo entre hombres que trabajaban o habían trabajado en los astilleros. Pero ni se le daba un nombre ni se encontraba el nexo y origen. En ese momento, gracias a la acción individual de algunos afectados y de algunos médicos, se consiguió romper el tabú y la opacidad que parecía rodear a esta enfermedad.

Roberto Amado relata en el libro ese momento, en conversaciones con alguno de los protagonistas, comenzando por el histórico obrero y sindicalista Rafael Pillado -uno de los que destapó el caso-, o con el médico Carlos Piñeiro, uno de los mayores expertos en la materia, que impulsó -al principio casi en solitario- la investigación sobre la enfermedad. En 2001 una información publicada por La Voz de Galicia lo cambió todo, a pesar de las muchas resistencias existentes, incluso en el seno de algunos sindicatos, que en un primer momento acusaron a los denunciantes de "crear alarmas injustificadas" en un momento difícil para el sector naval.

A partir de ahí los afectados empezaron a organizarse, creando por ejemplo Agavida (Asociación Gallega de Víctimas del Amianto), que desde hace 15 años lucha por el reconocimiento oficial de esta enfermedad profesional. Los enfermos y sus familias llevan desde entonces ganando juicios contra las empresas en las que trabajaban, victorias que llegan después de años de  peregrinar entre el hospital y el juzgado. Sin embargo, reclaman que todo esto se haga un poco más fácil, al igual que a los mineros se les reconoce automáticamente el perjuicio -la neumoconiosis o silicosis- provocado por su actividad. Por el camino van obteniendo pequeños avances. Se consiguió por ejemplo que Navantia le enviara al SERGAS, hace siete años, un listado de seis mil posibles afectados, trabajadores que pudieron tener algún contacto con el amianto.

También se constituyó en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol una unidad específica, con una docena de médicos, entre ellos tres neumólogos, que a menudo se ve desbordada por la enorme cantidad de personas que tiene que atender. Hubo por lo tanto una clara mejora en la atención sanitaria (antes los afectados tenían que desplazarse a Oviedo), pero Amado señala que no es suficiente: "la unidad podría ser un referente para avanzar en el estudio de esta enfermedad, pero para eso hacen falta más recursos. Tampoco hay medios suficientes para hacer investigación. La investigación llega por iniciativas individuales". Gracias a este equipo, en colaboración con otros, como el del Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, en los últimos años se fue avanzando mucho en el estudio de esta enfermedad, determinando sus investigadores e investigadoras que el 97% de las dolencias de pulmón de los trabajadores del naval ferrolano estaban causadas por el amianto.

 La resistencia continúa en las empresas

La actitud de Navantia y de otras empresas sigue siendo de total resistencia. "La empresa optó por negarlo todo, y prefiere ir pagando indemnizaciones contadas. Hay pagos importantes, por encima de los 200 mil euros. No sé hasta que punto les sale rentable a ellos y al Estado, que es quien tiene que pagar", afirma Roberto Amado. Ya desde 1900 hubo voces de alarma contra la peligrosidad del amianto, que se comenzó a retirar partir de los años 50 o 60 en los Estados Unidos. Incluso en España leyes de los años 40 ya introducían alertas por el riesgo existente. Las empresas españolas se escudan en que desde el año 1980 no se compró nuevo material, pero incluso así se seguían empleando sin protección ni avisos las viejas mantas de amianto.

"Si el trabajador va a reclamar una indemnización, la compañía defiende que ese empleado no estaba en contacto con el amianto. Y ahí comienza el peregrinaje de los juicios, durante años" -explica- "Tienes que explicarle tu situación a un juez, tienes que demostrar que tu cáncer tiene su origen en haber trabajado con amianto. Y, mientras, la empresa eleva todos los argumentos posible para negar que la enfermedad se generara en el lugar de trabajo". "No es como el famoso estatuto del minero. Si tú tienes silicosis y estuviste contratado en la mina, ya tienes derecho a la indemnización. No tienes que demostrar nada más", añade.

También hay resistencia política. Aún el pasado año el PSdeG-PSOE presentó en el Parlamento Gallego una proposición para crear un fondo de indemnización a las víctimas con cargo a las aseguradoras, las empresas y la Seguridad Social; se pedían también fondos para la investigación sobre el cáncer derivado de la exposición al amianto y un programa de vigilancia epidemiológica. A pesar del apoyo de AGE y BNG, la mayoría absoluta del PP echó abajo la propuesta, defendiendo Aurelio Núñez Centeno que los enfermos están "perfectamente atendidos" y que la asbestosis está ya reconocida como enfermedad profesional". Miembros de la Asociación Gallega de Víctimas del Amianto, que seguían el pleno en el hemiciclo fueron expulsados tras mostrar una pancarta reivindicativa.

Y así siguen las cosas. Todo avanza: los juicios, la enfermedad, el tiempo, las muertes. “Al final nuestra asociación va a ser una asociación de viudas” afirma en el libro uno de los afectados. Dicen que las fibras del amianto, cuando se agitaba una de las viejas mantas que los obreros empleaban para protegerse, quedaban en el aire varios días. De igual manera, el amianto queda ahí, pegado a sus vidas.

Los afectados reclaman justicia y reconocimiento, más que dinero, afirma Amado. "Es una enfermedad muy jodida, cuando se manifiesta supone un año entero de agonía y eso no se paga, no se compensa económicamente", señala. El autor cree que la clave está en "la rabia que da el sentirse humillados después de tantos años, y tener que pelear hasta el final por obtener una indemnización que no sirve para nada (...) Cuesta admitir que el final de tu vida fue adelantado", escribe.

domingo, 11 de diciembre de 2016

ESTOY CON MORFINA YA NO HAY NADA QUE HACER



«Estoy con morfina, ya no hay nada que hacer»

Vicente empezó a trabajar en el astillero en 1974 como mecánico naval, reparando e incluso participando en el montaje y la construcción de las embarcaciones. «Al principio quitábamos los escapes del motor, que van forrados de amianto, sin ninguna medida de seguridad. No había ni mascarillas, que las pusieron más adelante pero no era obligatorio llevarla, y eso que estábamos en un ambiente constante de polvo de amianto», recuerda. En este punto, resalta, «yo me voy a morir de esto, si llego a saber que era tóxico lo habría evitado».

En 2011 se prejubiló por accidente laboral, puesto que los primeros síntomas de su enfermedad ya habían empezado: tos seca, pinchazos y un engrosamiento bilateral de la pleura. «Es cáncer, un mesotelioma», resume con una gran entereza. En marzo de este año le dieron el diagnóstico definitivo, tras varias pruebas. «En la última revisión que fue a la neumóloga me dijo que me iban a llevar a urgencias porque tenía líquido en la pleura. A los 15 días me dijeron lo que tenía».

Después de ello, añade, «me dieron quimioterapia, dos sesiones, pero no había nada que hacer. Luego un tratamiento experimental en Barcelona. Tampoco. Ahora sólo tengo la ayuda de la máquina de oxígeno y que la enfermedad vaya aguantando, aunque está en fase terminal».

Ahora Vicente vive con asistencia domiciliaria «para paliar el dolor con morfina». «Sé que me va a tocar y no en un plazo muy lejano, por lo que sólo me queda afrontarlo y ayudar a los que están fuera» (en relación a sus compañeros). Rosa, su esposa, añade que siente mucha impotencia y que «estar esperando el momento es muy duro». «La vida te la parte totalmente», subraya.


 

martes, 4 de octubre de 2016

TOLEDO CLAMA CONTRA UN VERTEDERO DE AMIANTO A 300 METROS DE LAS CASAS


Toledo clama contra un vertedero de amianto a 300 metros de las casas

Hace 70 años llegaba a España el amianto, un producto económico y multiusos, del que años más tarde se descubrieron sus efectos nocivos para la salud. Fue prohibido en toda Europa, aunque en España fue legal hasta 2002, y todavía hoy los vecinos de muchos municipios reclaman su retirada. Es el caso de los residentes en Santa María de Benquerencia, un barrio de Toledo que denuncia sufrir las consecuencias de tener un vertedero de amianto a apenas 300 metros de sus casas ante "la pasividad de las administraciones".

Una de las fábricas que utilizaba este mineral era Ibertubo S.A, que comenzó a funcionar en la década de los 80 en una parcela del polígono industrial de Toledo. Desde su apertura, la empresa depositaba sus residuos de amianto de forma "incontrolada" e "ilegal" en la zona del arroyo Ramabujas y en las fincas de los alrededores de la fábrica, según denuncia la Asociación de Vecinos El Tajo. Ibertubo quebró en 2002 y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha procedió a la descontaminación de la zona entre 2006 y 2007. Sin embargo, el portavoz de Medio Ambiente de la Asociación de Vecinos El Tajo, Victor Villén, asegura que "en la parcela donde estaba ubicada la fábrica aún quedan restos".

"Desde hace 12 años, los vecinos pedimos que se les dé un tratamiento a estos restos"., explica Villén. Se han dirigido a todas las administraciones implicadas (Junta, Confederación Hidrográfica del Tajo y Ayuntamiento), pero "no hemos obtenido ninguna respuesta, sólo mentiras". "La Confederación ha hecho un paripé diciendo que han limpiado los restos, pero siguen en el mismo sitio", relata Villén.

La Confederación, por su parte, asegura que ha retirado "todos los restos de fibrocemento del dominio público hidráulico" en el cauce del arroyo Ramabujas en Toledo, unas 40 toneladas, y que si queda amianto en otro lugar, su retirada no es de su competencia, sino de los propietarios de las fincas afectadas. Y apunta al Gobierno de Castilla-La Mancha, "que es el competente en materia medioambiental, sanitaria e industrial" y, por lo tanto, para exigir la retirada del amianto.

Un informe admite el problema

Ante "la falta de respuesta" pública, la Asociación de Vecinos denunció hace dos años la situación a la Fiscalía General de Medio Ambiente, que a su vez requirió a todas las administraciones la documentación existente. "Así salió a la luz un informe que el Ministerio de Medio Ambiente había encargado al Seprona de la Guardia Civil y que detectaba la presencia de partículas de amianto en el aire", explica uno de los integrantes de la plataforma 'Mi barrio Sin amianto' y vecino de las viviendas más cercanas, Héctor Cano. "A partir de ese momento, los vecinos empezamos a ser conscientes del problema".

Sin embargo, el informe recoge que la cantidad de amianto detectada en el aire está por debajo de lo permitido (0,1 fibras/cm). El consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de la Junta, Francisco Martínez Arroyo, sostiene que el informe del Seprona sólo detecta 0,00017 fibras/cm, muy lejos del límite de 0,1 fibras/cm que contempla la legislación. Los vecinos replican a Arroyo que "no existe una legislación sobre los límites máximos de amianto en exteriores, sino que sólo está regulado en interiores", en palabras de Víctor Villén, por lo que consideran que la medición del Seprona no refleja la gravedad del problema.

El portavoz del Ayuntamiento de Toledo, José Pablo Sabrido, reconoce que "hay restos de amianto al aire libre en algunas parcelas" y que los vecinos tienen "razón" al estar preocupados, pero que el Consistorio no tiene competencia en salud ni en medio ambiente, aunque está "tratando de solucionar el problema" porque afecta a la "salud de los toledanos".

 

El Ayuntamiento ha creado una comisión, en la que participan la Junta y la Confederación, que ha encargado un informe técnico a la empresa Emgrisa para conocer exactamente el estado de los residuos y "buscar entre todas las administraciones una solución integral que se traduzca en riesgo cero para la población", según Sabrido. En la misma línea, el consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo, asegura que "se está buscando una solución".

Rafael García es vecino del barrio de Santa María de Benquerencia y convive a menos de 300 metros de los vertidos de amianto. "Cuando descontaminaron la fábrica se centraron únicamente en limpiar lo que la ley les exigía, ¿por qué no lo hicieron también con los restos al aire libre que se encuentran a pocos metros de nuestra viviendas?", se pregunta.

Omnipresente y peligroso

El ecologista y experto en amianto Francisco Puche asegura que hay muchas zonas de España afectadas por la aparición de restos de amianto, especialmenten en aquellas que ha tenido "industria naval, fábricas de fibrocemento y ferroviarias". Así, en Galicia hay mucha población que estuvo expuesta al amianto por la industria naval. Como en el País Vasco, por ser una de las zonas más industrializadas de España, o Cataluña, donde el amianto llegaba al puerto de Barcelona y se descargaba en sacos con orificios, sin ninguna seguridad para los vecinos. En la Comunidad Valenciana y en Andalucía, según Puche, todavía quedan muchos centros escolares y otros edificios construidos con amianto.

"El amianto penetra en el cuerpo por las vías respiratorias y puede provocar cáncer de pulmón", explica el neumólogo Josep Tarrés. Según este experto, hay tres fuentes de exposición al amianto: la laboral (un 66% de los casos), la vecindad con un foco contaminante (19,%) y la convivencia con un trabajador que está en contacto con este producto (13,%). "Lo que dificulta tomar medidas eficaces es que pueden pasar hasta 40 años antes de que las consecuencias del contacto con el amianto se hagan evidentes", sostiene Tarrés, para quien el riesgo también existe aunque la presencia del amianto sea reducida. "Me da igual que digan que sólo hay un 0,00001 de fibras/cm, porque con muy pocas fibras una persona puede padecer cáncer", añade.


 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

ENFERMEDADES RELACIONADAS CON EL AMIANTO



Enfermedades relacionadas con el amianto

Los riesgos derivados del amianto están producidos por la inhalación de las fibras de amianto, siendo las de menor tamaño las que alcanzan las vías aéreas inferiores. La longitud y configuración de las fibras (pequeño tamaño y forma larga y delgada) influye en su capacidad de penetración en las vías respiratorias, ya que pueden permanecer en suspensión en el aire durante mucho tiempo y por lo tanto poder ser respiradas.

Una vez dentro de los pulmones, los mecanismos de defensa del organismo tratan de descomponerlas y expulsarlas, siendo muchas las fibras de amianto que consiguen quedarse en el cuerpo y permanecer en él durante mucho tiempo.

El amianto (en todas sus variedades) está clasificado según la Legislación Española como cancerígeno de primera categoría, es decir, "sustancias que se sabe, son carcinógenas para el hombre", por lo tanto le es de aplicación plena el Real Decreto 665/1997 , de 12 de mayo, sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos durante el trabajo Este enlace se abrirá en una ventana nueva

La patología profesional producida por la exposición a fibras de amianto está recogida en el Real Decreto 1299/2006 Este enlace se abrirá en una ventana nueva de 10 de noviembre, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro, siendo conocida como asbestosis o fibrosis pulmonar, el cáncer de pulmón y el mesotelioma pleural o peritoneal.

Los principales efectos sobre la salud derivados de la exposición al asbesto son: La asbestosis (fibrosis pulmonar), el cáncer de pulmón y el mesotelioma (pleural o peritoneal), habiéndose encontrado también asociación con otras neoplasias (carcinomas gastrointestinales o de laringe). Existe sospecha, no confirmada, de que el asbesto puede producir otros cánceres (riñón, ovario, mama).

Asbestosis

La asbestosis se define como una fibrosis intersticial pulmonar difusa producida por exposición a polvo de amianto, que puede afectar al parénquima y a la pleura visceral y parietal. Es clínicamente indistinguible de las fibrosis pulmonares producidas por otras causas. A veces se presenta en forma de neumonía intersticial descamativa (NID), inflamación granulomatosa o bronquiolitis obliterante con neumopatía organizada (BONO).

Los síntomas y signos clínicos que suelen acompañar a la asbestosis son disnea y tos, crepitantes inspiratorios en campos medios y bases pulmonares, y acropaquia. Pueden producirse anomalías funcionales respiratorias tales como alteración de la difusión alveolocapilar y un patrón restrictivo que puede asociarse a obstrucción. La disminución de la capacidad de difusión pulmonar es el parámetro que se altera más precozmente y su deterioro suele ir parejo a la evolución de la enfermedad. La alteración de la función pulmonar puede continuar aun cuando ha cesado la exposición y en ausencia de signos radiológicos de asbestosis, y parece haber relación dosis-respuesta entre aquélla y el nivel de exposición.

La disnea al esfuerzo es habitualmente el primer síntoma, aunque es de aparición tardía, tras 15-20 años del comienzo de la exposición. La tos es no productiva, y no aparece en todos los casos. En estadios avanzados puede aparecer astenia, cianosis y síntomas de cor pulmonale.

La afectación pleuralse da en alrededor del 50% de los casos de asbestosis. Da lugar a placas pleurales -sobre todo de la pleura parietal, a veces calcificada-, con engrosamiento pleural difuso a veces fusionando ambas pleuras, parietal y visceral (principalmente en la mitad inferior de los pulmones), derrame pleural benigno, aplanamiento del ángulo costofrénico, fibrosis pleuroparenquimatosa y atelectasias. Habitualmente es asintomática.

Mesotelioma maligno

Es un tumor difuso maligno del mesotelio, que puede afectar a la pleura, el peritoneo y el pericardio, aunque es más frecuente la localización pleural. La localización peritoneal requiere una mayor exposición al asbesto.

Los anfiboles, sobre todo la crocidolita, muestran mayor poder carcinogénico que el crisotilo. Ello parece estar relacionado con el diámetro y la configuración de las fibras, las de crocidolita son de diámetro y longitud pequeños; ello favorecería la penetración de las fibras hasta alcanzar la pleura.

El mesotelioma pleural se asocia a asbestosis en un 25% de los casos, mientras que el mesotelioma peritoneal se asocia frecuentemente a la asbestosis, debido en estos casos a exposiciones intensas al amianto. La gran mayoría de mesoteliomas se deben a la exposición a asbesto (en el 80-85% se constata exposición laboral). El tabaquismo y la presencia de metales o de sustancias orgánicas parecen no tener influencia en el riesgo de contraer la enfermedad.

El mesotelioma pleural cursa con derrame pleural, disnea y dolor torácico. Puede acompañarse de derrame o engrosamiento pleural.

Cáncer de pulmón

El cáncer de pulmón por exposición al asbesto puede pertenecer a cualquier tipo histológico, y su historia natural no difiere de la del cáncer producido por otras causas. Parece existir una relación dosis-respuesta entre el riesgo de contraer cáncer de pulmón y el nivel de exposición a asbesto; exposiciones muy bajas parecen no incrementar el riesgo. El riesgo de cáncer de pulmón se incrementa notablemente si la exposición al asbesto se combina con el hábito tabáquico.

La atribución del cáncer al asbesto se basa en la historia anterior de exposición a este producto. Se requiere un período de latencia mínimo de 10 años.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA JUNTA DESCONOCE CUANTOS COLEGIOS TIENEN AMIANTO


La Junta desconoce cuántos colegios tienen amianto un año después de prometer su retirada

La consejera de Educación de la Junta de Andalucía, Adelaida de la Calle, no tiene ni idea de cuántos centros educativos de la comunidad tienen en su estructura amianto, un material altamente tóxico y potencialmente cancerígeno. La máxima responsable del sistema educativo público andaluz admite en respuesta a una pregunta parlamentaria del PP que el Gobierno andaluz no sabe a día de hoy qué colegios encierran este peligro y eso a pesar de que el ejecutivo de Susana Díaz anunció hace un año un plan para retirar el amianto de estos centros. Por ahora, la Consejería de Educación sólo ha iniciado un registro de infraestructuras educativas con este material a través de la Agencia Pública Andaluza de Educación (APAE).

De la Calle asegura en la respuesta a la pregunta formulada por la portavoz del PP de Educación, Marifrán Carazo, que se está cumpliendo el acuerdo adoptado por el consejo de gobierno del pasado 5 de julio, que prevé, primero, elaborar un censo de los centros escolares afectados y luego, la retirada "gradual" del amianto. El registro incluye desde escuelas infantiles a residencias escolares, pasando por escuelas oficiales de idiomas, colegios de educación infantil y primaria, institutos de educación secundaria y centros de educación especial, según detalla la consejera en el escrito remitido a la parlamentaria del PP andaluz.

Todo ello a pesar de que, denunció Carazo, la Administración autonómica prometió hace un año eliminar el amianto de los centros educativos.

La portavoz popular afirmó que "se trata de una prueba más de la improvisación y la mala planificación con la que gestiona la Consejería de Educación. Recordó que hace más de un año que el PP andaluz pidió información a la consejera sobre el número de centros y alumnos afectados por este problema. "La respuesta entonces -señaló Carazo- fue que la Consejería actuaba en caso de encontrar algún edificio escolar con amianto".

Sin embargo, la portavoz denunció que "no se ha avanzado nada en la solución real del problema a pesar de que la Junta aprobó un plan de retirada progresiva del amianto en las infraestructuras escolares, que como tantos otros planes del gobierno andaluz es sólo humo y propaganda".

Carazo añadió que "en su afán propagandístico la consejería ha aprobado un plan de actuación con un horizonte de siete años cuando ni siquiera ha sido capaz de hacer un censo de centros afectados". En este sentido, Carazo aseguró que "la Junta sólo actúa con parches y a golpe de movilización de las familias afectadas".